domingo, 5 de diciembre de 2010

Sábado en IKEA

  Recién casados, Juanjo y yo, estuvimos de viaje en las islas Canarias, en Las Palmas de Gran Canaria, en casa de nuestros queridos amigos Elvira y Fran. Sólo tengo palabras de cariño y agradecimiento para ellos.
Nos pasearon por toda su isla, y por Tenerife, mostrándonos todo. Gracias a ellos descubrimos la belleza de las islas; y no sólo su paisaje, sino también sus guisos y sus vinos, incluso sus cafés...
30-9-1995 Monte de Las Mercedes. Tenerife
30-9-1995 Monte de Las Mercedes. Tenerife
  Todo esto viene a santo de que, ellos, recién casados también, tenían su piso amueblado con muebles de Ikea. Fue la primera vez que oía esta marca comercial y, desde entonces, la he tenido clavadita en el pensamiento, tras cada propaganda en la tele, tras cada comentario de parejas que sí han ido...
  Pero el sábado 4 de diciembre, nos llegó el turno a nosotros.
  He de decir también que es normal que no hayamos ido antes, porque los centros Ikea más cercanos los tenemos en Badalona, Murcia o Zaragoza. Y no están al lado de casa, precisamente.
  A las 7 de la mañana del sábado, Juanjo, Javi, Isabel, mis suegros Pepe e Isabel, Marco, Raquel, Laura y yo, salíamos en dirección a Zaragoza. Llevábamos el Octavia de Javi, con remolque, y nuestro Fabia.


  Encontramos nieve por Aragón y unas temperaturas, a las 9 y pico de la mañana, de -8ºC.






Tinc   un   gos, pe-  lut...

  3 horas y 1/2 de viaje, con parada incluida.
  A las 10:40 h. llegábamos a Ikea Zaragoza.












  La entrada ya fue sonada, todos cogiendo lápices y folletos para anotar referencias... y las bolsas de rafia para ir metiendo los pequeños artículos.
  El siguiente paso fue almorzar en la cafetería del mismo centro, para coger fuerzas. Ahí los gustos fueron variados: bocadillos de jamón, cafés y bollería, zumos...



  Enseguida nos metimos en faena. Dimos una primera vuelta a todo, viendo, anotando, probando... La idea era salir a comer por el centro de Zaragoza, y volver a la tarde para comprar las cosas de más bulto, ya previamente vistas.
  Es imposible salir de allí sin nada, porque el recorrido, dentro de la tienda, ya te lleva por pasillos donde se te van los ojos, no hay manera de salir del centro si no es por las cajas. Está estudiado al detalle, todo limpio, organizado, atractivo a la vista... con precios muy accesibles... Total, que en la primera envestida, que iba a ser de cosas de poco bulto, " ya se nos fue el vino en catas"...
  Comimos en el centro de Zaragoza, en el Restaurante Casa Uyarzun, muy bien por cierto.




  Después, visita obligada a la Basílica del Pilar.


  Y vuelta a Ikea, a seguir comprando.
  Todo lo que vimos nos gustó. Y cualquier excusa era buena para ver, para probar, para medir...




  Así se puede entender cómo salimos de allí... que suerte que Javi trajo el remolque...



  Y ya estamos pensando en volver...

sábado, 27 de noviembre de 2010

Rollo de chocolate

  Laura me pidió un par de tartas para su cumpleaños: el pastel de cuajada y un rollo de chocolate con natillas.
  El pastel de cuajada lo preparamos y comimos el miércoles, el día de su cumple.
  Y tenemos pendiente el rollo de chocolate, que prepararemos mañana, para subirlo a la montañita como postre para después de comer.
  El rollo de chocolate es un postre típico en casa de Juanjo. Su madre lo ha hecho durante muchos años, y en muchas celebraciones. Ella lo aprendió de Marie Paule, la mamá del primo Miguel Angel. Acompañado de natillas, es un postre espectacular.
  Ahora yo continúo preparando esta receta.
  Rollo de chocolate.
  Ingredientes:
  3 huevos, 125 gr. de azúcar, 125 gr. de mantequilla o margarina, 125 gr. de harina, 200 gr. de chocolate negro, 1/2 sobre de levadura Royal.

  Preparación:
  Mezclar las yemas con el azúcar en un cuenco. Montar un poco para que doblen el volumen.
  Añadir la mantequilla derretida y el chocolate, también derretido.
  Ir añadiendo la harina, con la levadura ya mezclada.
  Montar las claras a punto de nieve e ir añadiendo a la mezcla con movimientos envolventes.
  Untar con mantequilla un molde en forma de corona y verter la preparación.
  Horno precalentado, 180ºC, 1/2 hora

  Las natillas se preparan siguiendo las instrucciones de la marca que hayáis elegido. Por supuesto, unas natillas caseras estarían muy bien, pero me valen las de compra.

  La combinación es realmente buena. Pero también se pueden comer por separado. Ahí el gusto de cada cual.

Ya sé hacer gominolas...

  A veces llegas a las cosas sin proponértelo, sin haberlo previsto. Sencillamente llegas. Por una casualidad.
  ¿Qué necesidad tenía yo de aprender a hacer nubes de fresa? Pues ninguna.
  Pero la receta llegó hasta mis ojos, y me atrapó. La leí en el blog Pasen y Degusten, de María José.
  Era simple, rápida... perfecta.


  Hice una primera prueba y nos pareció que estaban buenísimas. No tenían nada que envidiar a las originales, a las de compra, en cuanto a su sabor y textura. Únicamente hechas con gelatina y azúcar. Con la tranquilidad y la confianza que te da el que esté hecho en casa.


  Ingredientes:
  1 sobre de Gelatina Neutra, 1 sobre de Gelatina sabor fresa, 200 ml. de agua, 200 gr. de azúcar, azúcar glas para decorar.
  Preparación:
  Poner a calentar el agua en un cazo. Cuando esté bien caliente, casi a punto de hervir, verter el azúcar y el sobre de gelatina neutra. Remover y disolver bien.
  Añadir la gelatina de fresa, sin parar de remover. Irá espesando un poco, hasta adquirir la consistencia de un almíbar. Unos 5 minutos será suficiente.
  Transcurrido ese tiempo al fuego, apartaremos, verteremos la mezcla en un cuenco más grande y dejaremos enfriar una 1/2 hora.
  Una vez frío, y con ayuda de unas varillas eléctricas, montaremos la mezcla como si levantáramos unas claras a punto de nieve. Hemos de conseguir una textura de nata montada.
  Forraremos un molde rectangular, no demasiado grande, con papel de hornear. Esto hará más fácil el desmoldado. Vertemos la preparación. Dejaremos reposar unas horas. Incluso toda la noche. Cortaremos en porciones al gusto y las rebozaremos en azúcar glas.

  Cuando lees la receta, ya te parece que el resultado va a ser bueno, pero, cuando pruebas estas nubes de fresa, te das cuenta de que el resultado no sólo es bueno, es muy bueno. Para repetir. Para darles una sorpresa a los niños, obsequiándoles con algo rico y natural.

  De todas maneras, tranquilos: si no estáis muy seguros de poneros manos a la obra para hacer estas deliciosas nubes, buscad el momento oportuno para presentaros en mi casa cuando oláis a fresa desde la puerta...

jueves, 25 de noviembre de 2010

A por leña


  Esta mañana, Juanjo y yo hemos estado en La Caseta, haciendo un poco de leña para la chimenea.
  En El Tiempo, vienen anunciando una ola de frío polar para este fin de semana, y no queremos que nos pille fuera de juego.


  Hemos elegido un árbol que estaba completamente seco, y la motosierra ha tenido que emplearse a fondo. Es curioso, pero se corta mejor la leña verde...


  Cuando ya teníamos la faena adelantada, nos hemos comido un bocata que llevábamos en el capazo.
Este es el tronco típico de los almuerzos en La Caseta.


  El Clio es un vehículo multifunción, y muy agradecido. Va a cumplir 17 años, ¡y está hecho un chaval!


  Quien a buen árbol se arrima...
... tal cual coge la postura...

  Hemos pasado una buena mañana.
  Y estaremos calentitos un par de semanas.
  No está nada mal.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Laura

  Nuestra Laurita cumple hoy 12 años.
  Aquella niñita rubia, de ojos azules...


... es hoy una señorita de 12 años...
  ¡Cómo pasa el tiempo!

¡¡Felicidades, Laura!! 

martes, 16 de noviembre de 2010

Esto sí es una fideuà

  Es que es hablarme de la fideuà, y tocarme mi fibra sensible.
  FIDEUÀ.
  En principio, parece que una receta única, debería dar un resultado único. Es pura lógica. Cae por su propio peso. Pero no. Cada casa es un mundo, y se ve que existen tantas recetas de fideuà, como familias.
  Según dónde la comas, te dan fideo fino o fideo gordo; fiedo con agujero o sin él; sofrito con más o menos ingredientes; con un tipo de pescado o con otro... Y, para muestra un botón.
  Otro de los blogs que sigo, casi desde el principio de mi llegada a Internet es Javi Recetas. Javi intentó unificar todas las recetas de fideuà que la gente quiso aportarle. Únicamente tienes que darte un paseo por el montón de comentarios que le dejó la gente, para darte cuenta de la enorme, ingente, cantidad de versiones sobre la misma cosa.
  Una locura.
  Pero yo, que ya sabéis que soy muy de lo mío, digo, sin ningún complejo, que la mejor fideuà que he comido nunca, es la que hace mi suegra.
  Y yo, me he basado en su receta, y he creado la mía propia, adaptando cantidades y calidades, para hacerla mía, y para los míos.
  Para gustos, los colores. Esto no quiere decir que mi receta sea la original, o que sea la mejor. Es la receta que a mi me funciona, porque mi familia la disfruta, porque es la que nos gusta, y es con la que comparamos cuando la comemos en algún restaurante.
  Justamente, esta mañana, hablaba del tema con Ioana, porque ella nunca la ha hecho y quería saber cómo hacerla. Y, claro, he barrido para mi casa.
  Os dejo mi receta.
  Empezamos haciendo un caldo de pescado, con algunas cabezas y espinas, o con morralla... lo que se tenga a mano. Unos 2 litros de agua, cebolla, zanahoria, puerro, laurel, tomate, perejil... al gusto.
  1/2 hora de cocción es suficiente.
  Colar bien el caldo y tenerlo preparado.
  Poner aceite en el paellón. Sofreír las gambas y apartarlas. Yo pongo 2 gambas por persona. Sofreír 2 sepias limpias cortadas en dados.
  Añadir 1 ajo bien picado, 1 pimiento rojo troceado, y 1 cebolla mediana bien troceada. Por último, 2 cucharadas de tomate natural troceado.
  Sofreír bien y sazonar.
  Cuando la verdura esté bien sofrita, incorporar los fideos, gordos y con agujero, (400 gr. para 4 personas). Darles unas vueltas, que se rehoguen  en el sofrito. Verter el caldo, bien caliente, hirviendo, a  ser posible. Un poco más de 1/2 litro, que cubra bien los fideos. Echar azafrán y rectificar de sal.
  Añadir de nuevo las gambas y dejar cocer unos 10 minutos.

El fideo ideal
  Lo bueno está en cogerle el punto. Los fideos han de embeberse el caldo, no quedar caldosos, ni pasados, ni crudos. La experiencia es la que, al final, da el toque de gracia a cada receta.
  La fideuà es un plato rápido de preparar, pero conviene tener todos los ingredientes a mano, para no perder tiempo. Y, si este apura, recurrid a un caldo de pescado ya preparado, en brick; incluso a agua con una pastilla de concentrado de pescado. El resultado no será idéntico, pero quedará resultón.

  Bien. Esta receta se merece una foto que la acompañe. Lo tengo en cuenta.
  Espero que os hayan entrado ganas de comerla...
  A mi sí, os lo aseguro. De este fin de semana no pasa...

lunes, 15 de noviembre de 2010

Mi primer sorteo

  Aunque tengo mis blogs, no me considero una "bloguera" al uso. No soy muy de participar activamente ni de forma visible en otros blogs. En casos muy particulares dejo algún mensaje, cuando el tema me afecta o me atrae de manera personal. Pero se podrían contar con los dedos de la mano, mis apariciones públicas.
  Todas las mañanas, como un ritual, doy un paseo por los blogs que sigo desde hace algún tiempo.
  La mayoría son de tema cocina. Reconozco que me atraen particularmente; siempre extraigo alguna idea, algún hacer... Y eso que soy durita, que suelo tirar mucho para casa, con el convencimiento de que mis procedimientos culinarios no tienen nada que envidiar a aquellos que voy leyendo.
  Pero siempre, algo me sorprende.
  Una buena presentación, una tarta espectacular, un plato increíble con ingredientes de lo más normales... Una receta correctamente explicada, un don para expresar con palabras lo que se siente...

  Os presento una de mis últimas actuaciones.
  Resulta que Dolorss, la autora de blog de cuina ha convocado un concurso entre toda la gente que la sigue. En principio no iba a participar, porque la sigo de manera anónima, jamás le he dejado un comentario ni he participado en nada suyo. Pero me pudo lo curiosidad.  Participo con el número 65 en su sorteo.
  Lo de menos es el premio, la verdad. Lo he hecho porque era el momento adecuado de darme a conocer, y el sorteo me ha dado la excusa perfecta.
  Mi blog no se puede comparar a ninguno de los que sigo. El mío es como de andar por casa, de aficionado... Pero aprendo mucho viendo a otros. Por eso estoy agradecida.
  Se está presentando un montón de gente. Muchos, anónimos como yo. Es un alivio...
  Bueno, ya os seguiré contando.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Panecillos tiernos

  Venga, vamos a aprender otra receta de cocina.
  Esta receta es la que hace mi hermana Marian para hacer los panecillos que les gustan a Laia y a Neus. Se trata de un pan blandito, fácil de comer, e ideal para almuerzos y meriendas de los niños. Ella, a su vez, lo sacó de La Cocina de Mo.
  Panecillos tiernos.
  Ingredientes:
  330 ml. de leche, 1 cucharada de aceite, 1 huevo, 550 gr. de harina de fuerza, 10 gr. de sal, 1 cucharadita de miel (opcional), 1 sobre de levadura o 30 gr. de levadura fresca.
  Preparación:
  Templar la leche. Una vez templada, disolver en ella la levadura. La casa Maizena o Vahine comercializan Levadura de panadero en polvo. Poner 1 sobre ó 2, depende de la cantidad que lleve cada sobre. Yo utilizo pastillas de levadura fresca, de la marca Levital; cada pastilla contiene 25 gr. de levadura fresca y esta cantidad es suficiente para 500 gr. de harina.
  Ahora hay que añadir unas cucharadas de harina al recipiente que contiene la leche y la levadura. Se trata de hacer un poco de masa madre. Removeremos bien para disolver la harina y taparemos con un paño. Tenemos que dejarlo reposar, en un lugar cálido, unos 15 minutos, hasta que espume.
  Ahora iremos añadiendo el resto de los ingredientes.
  Esta vez no le he puesto la miel. Puede parecer que esta le da un toque dulzón a la masa, pero no es así. Se le suele poner la miel, porque los panecillos se mantienen por más tiempo tiernos; pero yo tenía que congelarlos...
  La harina hay que incorporarla poco a poco, mezclando con las manos, hasta que toda esté bien mezclada. Iremos formando una bola y la volcaremos sobre el mármol. Con los 550 gr. de harina se me queda la pasta demasiado pegasosa, así es que siempre le echo un poco más, a puñaditos, mientras amaso sobre el mármol. Ha de quedar una bola elástica, blanda y brillante. Cuando la tengo, me pringo las manos en un poco de aceite y las paso por la bola de masa. La pongo en un recipiente y la dejo que repose en un sitio cálido, tapada con un paño, por espacio de 1 hora, o hasta que doble su volumen.
  Pasado ese tiempo, amaso un par de minutos más, y voy cortando, dividiendo la masa en porciones, dando forma a los panecillos, y colocándolos sobre la fuente de horno. Sobre la bandeja suelo poner una hoja de papel para horno, por comodidad y limpieza.
  Ahora hay que dejar reposar de nuevo, esta vez para que los panecillos doblen su volumen.
  Así que no tenemos que ponerlos muy pegados sobre la fuente de horno, porque al aumentar, pueden quedarse pegados entre ellos.
  Y al horno. Entre 15 y 20 minutos a 170-180 ºC.
  Pasado ese tiempo, los sacaremos del horno y los dispondremos sobre una rejilla y los taparemos con un paño hasta que se enfríen.

Este es el resultado de los panecillos tiernos
  Una vez fríos, los podemos combinar con lo que queramos: dulce o salado.
  Y podemos hacerlos más grandes o pequeños como pulguitas. Eso depende del gusto de cada cual, y del uso que se les quiera dar.

  Os diría que os animarais a hacerlos, pero ya comprendo que es mucho más rápido y cómodo ir a la panadería y comprarlos.  Aunque no me negaréis que tiene cierto encanto ser autosuficiente, en según qué cosas, cuando el resultado es tan espectacular y tan bueno. Y si no, preguntadles a Raquel y Laura...

  Yo los congelo en bolsitas, de dos en dos, incluso ya abiertos; y voy sacando para que se lo lleven como almuerzo para ir al instituto. Al estar abiertos por la mitad, descongelan enseguida. Y los relleno con lo que les apetezca. Es como si tuvieran pan recién hecho todos los días.


lunes, 8 de noviembre de 2010

Sin copia de seguridad

  El sábado por la tarde, algo le pasó a nuestro portátil Mac. De repente comenzó a hacer un ruido extraño, que nunca antes había hecho. Por lógica, cerramos todos los programas que teníamos abiertos y apagamos el ordenador. Pero ya no pudimos volverlo a encender.
  Juanjo ha estado viéndolo, y se ha informado de cómo devolverlo a la vida.
  Pero, por desgracia, al ser un problema del disco duro, se ha perdido toda la información que este contenía.
  Yo tenía un montón de información almacenada. Toda muy bien puestita, en una carpeta a mi nombre, y bien rotulada; pero no tuve la precaución de hacer una copia de seguridad de todo ello, con lo cual, está perdido.
  Esto es un aviso: para mi, para que no vuelva a pasarme una segunda vez; pero también para otros, que no os pase a vosotros lo mismo que a mi.
  Lo que más me duele es la pérdida de absolutamente todas las fotografías de nuestro viaje  a Vigo de este verano. Eso sí es algo irrecuperable. Os aseguro que no volverá a pasar.

jueves, 4 de noviembre de 2010

La hora del baño

  Los que habéis estado en nuestra casa sabéis que una enorme higuera preside nuestro patio.
  Ella es principio y centro, testigo mudo de juegos, cenas, siestas... y baños.
  Ya forma parte de nuestra rutina diaria, de nuestros recuerdos, de nuestros planes de futuro...
  La higuera.

  Bien. Veréis. Bajo el tronco de nuestra higuera tenemos una antigua pila de piedra, de las que se usaban para cazar pajaritos, cuando acudían a beber en ellas. Nos gusta tenerla allí, siempre llena de agua fresca. Y le damos diferentes usos. Aparte de que el agua aporta frescor en verano, sirve también para que beban los pajaritos y algunas palomas, incluso suele beber Pupi. Por eso procuramos que siempre esté limpia y rebosante.




  Esto es así desde siempre. Pero hace ya algún tiempo empezamos a observar que cada día, al atardecer, la pila estaba casi vacía, y su agua sucia y revuelta.


  Al principio nos extrañó. No creíamos a Pupi capaz de beber tanta agua y de ensuciarla de aquella manera.
  Y empezamos a medio espiar.
  Y un buen día, en el que se oía gran alboroto de trinos en el patio, nos asomamos a la ventana. Y descubrimos el porqué de aquel misterio.


  Resulta que los pájaros que anidan, tanto en los vecinos cipreses del Calvario, como en los árboles de nuestro patio, incluida la higuera, aprovechan el agua limpia de nuestra pila para echarse un buen baño, antes de irse a dormir. Os aseguro que es todo un espectáculo. No tengo fotos de momento, pero ya lo tendré en cuenta para incluiros alguna en esta entrada.

sábado, 30 de octubre de 2010

Tarta de mousse de chocolate. La tarta de Silvia.

  Perseguí esta receta durante mucho tiempo. Es cierto que fueron más vueltas mentales, en cuanto a ingredientes, que vueltas físicas a la masa. Y cuando, por fin, di con los productos, empecé a pelear con las cantidades. O sea, que casi puedo decir que se trata de una receta propia. Recuerdo que, para Fiestas de la Magdalena, estando Raquel y Laura en Castellón con los abuelos, quise sorprender a Juanjo con una primera elaboración del pastel. Y entre los dos nos comimos parte de la sorpresa, el resto lo tuve que lanzar a la basura...
  Pero me había impuesto una meta, y me urgía dar con el punto justo de la tarta.
  Mi sobrina Silvia tomaba la Primera Comunión, y la celebración iba a ser en casa de mis padres. Todo en plan familiar y casero. Nuestro regalo iba a ser un álbum con las fotos de la Comunión, y la Tarta. Así que me tenía que poner las pilas si quería lucirme.
  He de decir, a mi favor, que no tardé demasiado en pillarle el punto. Y, unos días antes de la ceremonia, nos comimos en casa el último ajuste de los ingredientes del pastel... Y le dimos el visto bueno...
  Para aquel día preparé tres pasteles, idénticos y perfectos. Lamenté no tener un buen expositor, de esos de pisos que usan los pasteleros profesionales.
  El resultado superó las expectativas. La tarta estaba buenísima. Quienes la probaron, elogiaron el sabor y la textura. Y yo estaba feliz.
  He seguido haciéndola con ocasión de cumpleaños y demás, y siempre ha tenido éxito.
  Silvia se acuerda siempre de su tarta, y se relame pensando en ella.
  Por eso la llamo "la tarta de Silvia".



  Aquí os la presento.

  Ingredientes: 24 galletas María, 125 gr. de margarina, 3 hojas de gelatina neutra, 200 gr. de chocolate negro para postres, 3 huevos, 200 ml. de nata para montar.
  Preparación.
  Triturar las galletas. Ya sabéis, a la antigua usanza, yo prefiero plato hondo y maza de mortero. Voy poniendo galletas, de 2 en 2, o así, y aplastando con cuidado con la maza de mortero. Prefiero los tropezones, no polvo de galletas.
  Derretir la margarina, y mezclar con la galleta triturada. Esta mezcla se ha de poner cubriendo bien la base de un molde para tartas desmontable. El molde lo pondremos en el congelador, para que se endurezca la base mientras preparamos la mousse.
  En un cuenco con agua fría, pondremos las hojas de gelatina, para que vayan hidratándose.
  Separar las yemas de las claras.
  Derretir el chocolate con un chorrito de agua. Yo lo hago en el microondas, removiendo de vez en cuando, hasta que esté a punto, y no más del tiempo necesario. Una vez derretido le voy incorporando las yemas, de una en una, removiendo bien.
  Escurrir bien las hojas de gelatina. En un tazón calentar 3 cucharadas soperas de agua, sin que lleguen a hervir. Poner  la gelatina en el agua caliente y disolver. Verter sobre la mezcla del chocolate.
  Montar la nata, e ir incorporándola a la mezcla con suavidad, con movimiento envolvente.
  Montar las claras a punto de nieve, e incorporar nuevamente de forma envolvente.
  Sacar el molde del congelador, verter la mezcla y ¡a la nevera!

  Se le puede dar un punto de congelación, si se le quiere dar una textura más consistente.

  Se trata de una de mis tartas "oficiales".
  Juanjo ha cumplido hoy 43 años. He preparado, para celebrarlo, una de limón, que también le encanta. Ya os contaré la receta en otra ocasión. Pero para mañana tengo preparada la de mousse de chocolate. Comeremos en casa de sus padres, con los tíos, Javi, Isabel y los niños. Van a faltar los Martín García, que están en Gandía. Y allí son chocolateros (en casa de mis suegros, no en Gandía). Seguro que no van a quedar ni las migas...

martes, 26 de octubre de 2010

Bautizo de Raquel


Hoy hace, exactamente, 14 años que bautizamos a Raquel.
Apenas tenía 2 meses. Los cumplía ese mismo día.
¡Cómo pasa el tiempo!



Raquel siempre fue una niña curiosa. Recuerdo que el día de su bautizo, tan chiquitita como era, cuando la llevábamos en brazos hacia la iglesia, no quería ir acurrucada en los brazos, como cualquier bebé; iba erguida, mirándolo todo... Una señora del pueblo, casi me llamó la atención, como si fuera yo la que quería llevarla de aquella manera. Y le dije: "pero si es ella, que quiere ver lo que se celebra...".



Raquel sigue siendo la persona simpática, y curiosa que era.
Pero ya no tiene nada de bebé.
Ya ves, con 14 años, en plena adolescencia...
Se ha convertido en una persona observadora e inteligente, con un gran sentido del humor. Muy cariñosa. Defensora de los más débiles; líder en su grupo. Tiene un buen ojo clínico y no es fácil darle el cambiazo. Tiene las ideas muy claras. A veces creo que demasiado. A su edad, su entorno, no es siempre el más adecuado; ella se da cuenta, y lo sufre, y es crítica con las cosas.
Tiene una gran imaginación, y mucha iniciativa.
En este momento, aparte de sus estudios, está haciendo un curso de fotografía en la UJI. Es su 2º curso. Ayer me contaba que su compañera de mesa no se creía que tuviera 14 años, "que no lo hubiera dicho nunca". Estas oportunidades, aparte de formarla intelectualmente, la hacen crecer de manera personal; hace que sus objetivos en la vida se vean más afianzados, si cabe.
Le auguro un gran futuro.
Y su familia va a estar ahí, apoyándola y alentándola siempre.
Siempre con una gran sonrisa...

viernes, 22 de octubre de 2010

Estreno firma

  Como siempre voy mirando blogs, para entretenerme y aprender, he encontrado una página donde te enseñan a hacer firmas. Y hay tantas que casi cuesta elegir una...
  A partir de ahora intentaré ponerla en cada nueva entrada.
  Si queréis hacer la vuestra propia, sólo tenéis que hacer 1 clic sobre mi nombre.
  Está todo en inglés. Si domináis, perfecto. Si, como yo, le echáis valor, ánimo, no es difícil.

jueves, 14 de octubre de 2010

El Molinete.


  La previsión del tiempo no era nada buena para el fin de semana y el puente del 12 de Octubre.
  Durante esa semana anterior habíamos comentado la posibilidad de pasar la noche del sábado 9 al domingo 10 de Octubre acampados en El Molinete, un lugar del que Javi nos había hablado en multitud de ocasiones pero en el que nunca habíamos estado. Raquel, Laura y Juanjo tenían mochilas nuevas, y esta era una buena ocasión para estrenarlas.
  Pero no habíamos concretado nada.
  Esperamos a la misma mañana del sábado para echar una ojeada al tiempo, y decidir.
  Y el sábado amaneció soleado.
  Javi, Isabel y Marco estuvieron en casa; programamos la salida, y nos pusimos en marcha.
  Antes de comer todo quedó preparado. Sacamos y montamos las mochilas, con las colchonetas, los sacos de dormir, la ropa de abrigo, algo de comida, las botas de montaña... Después de comer, preparamos bocadillos para cenar esa noche. y, una vez concretados los últimos detalles, salimos hacia Linares de Mora, en la provincia de Teruel.


  La tarde iba oscureciéndose a medida que pasaba el tiempo. Me preocupaba que empezara a llover y nos fastidiara el plan. Pero, de momento, aguantaba.
  En Linares, paramos para rellenar unas botellas de agua. El pueblo parecía estar de fiesta. Me llamaron  la atención las colchas colgadas en todos los balcones, tal como se hacía aquí antaño los días de fiesta. Más tarde he sabido que, justo ese fin de semana, se celebraba La Teñada, que es una Muestra de Artesanía, este año en su II Edición.



  Apenas estuvimos unos minutos en Linares, pero nos dejó una agradable sensación y quedamos en visitarlo pronto.
  Desde Linares, por la carretera que lleva a Valdelinares, a la derecha, y un poco más arriba del famoso Pino Escobón, se encuentra el Valle del Molinete. Se trata de una zona donde la naturaleza continúa en estado puro. Dista unos 4 km. de Linares. Desde la carretera, arranca el camino que nos conduce al valle. Es un buen lugar para aparcar los coches, cerca de la carretera, pero al amparo de los pinos. Una senda nos llevaría a nuestro punto de destino.
   Nos acoplamos las mochilas y comenzamos a caminar siguiendo la senda que discurre a la orilla del pequeño río que cursa el valle. Por exigencias de la misma senda, tan pronto seguíamos el río como lo cruzábamos, saltando algunas piedras, aunque no llevaba mucha agua. Tal como nos adentrábamos en ese paisaje salvaje y precioso, vimos algunas pozas naturales en las que todavía se encuentran truchas y barbos. De vez en cuando, en un claro, un poste de madera nos indicaba que íbamos en la dirección correcta. 1 Km. 5oo mts. Hasta que llegamos a un antiguo molino harinero, ahora abandonado.
  Podemos hacernos una pequeña idea de las penurias de la gente que, a lomos de una mula, llevaba su grano a moler hasta aquel lugar tan recóndito.
  Hoy, son otras las circunstancias, y este molino se nos antoja un lugar hermoso.
  Un último esfuerzo, y llegamos al claro donde íbamos a pasar la noche.
  Como el tiempo amenazaba lluvia, el primer cometido de la tarde era montar las tiendas. Buscamos una zona adecuada, y libre de piedras. Javi montó la suya rápidamente y, mientras Juanjo y yo montábamos la nuestra, él empezó a preparar un tenderete con una lona, para resguardarnos de la humedad, o de la lluvia, o del frío... y dispuso troncos como asientos y un par de piedras como mesa.
  Y comenzó a llover.
  Nos refugiamos y, esperando que parara de llover, fuimos haciendo un pequeño fuego, y comimos el bocadillo, y unas galletas. Fue anocheciendo. Los relámpagos se hicieron más visibles, parecía que la tormenta se acercaba. Y los niños pronto quisieron irse a las tiendas a dormir...

  "Hay agua en la tienda", dijeron Raquel y Laura. Pero pensamos que era sólo en la entrada, por la dirección de la lluvia. Pero, cuando metí la mano para entrar, sentí, bajo la lona del suelo de la tienda, un colchón de agua. El lugar que habíamos escogido para acampar se había convertido en una balsa que acumulaba todo el agua del claro. Había que cambiar las tiendas de lugar. Llovía a mares. Y era noche cerrada. A pesar de todos estos inconvenientes, Javi y Juanjo, protegidos por sus chubasqueros, lo hicieron rápidamente y con éxito.
  Por fin estuvimos todos acomodados en nuestros improvisados dormitorios. Las colchonetas nos aislaban de la humedad del suelo. Y los sacos nos daban calor y nos sentíamos acogidos, aunque afuera la lluvia no parara.
  Sobre las 11 de la noche la tormenta pasó. Escuchábamos con alivio cómo se alejaban los truenos y los relámpagos.
  De repente se escuchó la cremallera de la tienda de Isabel y Javi, y una respiración agitada. Isabel, que se había dormido unos minutos, se despertó agobiada y con sensación de ahogo. Le faltaba el aire. Y lo buscaba fuera. Estuvo un rato bajo la lona. Probó de nuevo a meterse en la tienda y tuvo que salir una vez más. Parecía estar sufriendo un ataque de ansiedad.
  Decidieron ir a dormir al coche.
  Marco se vino a nuestra tienda. Y, poco a poco, fueron durmiéndose todos. Todos menos yo, que estuve viendo pasar las horas, y escuchando el aire que movía las hojas de los pinos. Dormí algún rato, pero no muy cómoda. Pensaba en Isabel y Javi. La vuelta al coche debió de ser complicada, por la oscuridad y el agua que seguro había aumentado el caudal del río.
  Por suerte, la noche no se me hizo interminable. Y, finalmente, amaneció.
  Con las primeras luces, llegó Javi al campamento. Nos explicó que había llevado a Isabel a casa y que había vuelto; que las lluvias arrancaron algunas piedras que cayeron a la carretera y que tuvo un topetazo con una de ellas; que estuvo esperando a la Guardia Civil, durante 1 hora, para que el Seguro se hiciera cargo de la reparación de los bajos del coche, que quedaron tocados; que era la 2ª noche sin dormir, porque la anterior había tenido guardia en Bomberos...
  Total, un planazo.


  Nos levantamos, desmontamos las tiendas, desayunamos y montamos las mochilas.
  Dejamos todo al abrigo de unos pinos, protegido de una posible lluvia. Y salimos a caminar.


  Javi nos llevó por una ruta de musgo, humedad y vegetación. Monte arriba hasta llegar al Pinar Ciego. Atravesando una masía construida en un lugar privilegiado. Recorrimos un tramo del Pinar Ciego y volvimos sobre nuestros pasos para regresar al campamento.


  Un perro pastor nos salió al encuentro. No se acercó a nosotros hasta que le llamamos. Y se mantuvo siempre por detrás nuestro. Incluso, si por azar nos adelantaba, al darse cuenta, regresaba al final. Se notaba que estaba bien enseñado. Laura le puso el nombre de "Meloco", abreviado de Melocotón. Y así le llamaron los niños todo el rato. Me pareció que, cuando en un par de ocasiones dudamos sobre la senda que seguíamos, Meloco nos adelantaba, como para indicarnos el mejor lugar para seguir la senda. Hasta que llegamos a su masía. Allí se quedó parado, junto al corral, viéndonos marchar.

Meloco
  Llegamos hasta las mochilas, nos las cargamos y empezamos a desandar el valle hacia los coches que nos esperaban junto a la carretera. Javi, nos llevó por el mismo recorrido de bajada, pero algo más enrevesado, para que admiráramos, más si cabe, los recovecos de aquel paraje.
  Efectivamente, el río bajaba con más caudal.


  Sentarnos en los asientos del coche estuvo bien, y el cuerpo lo agradeció.


  Comimos en Puertomingalvo, en el Restaurante "Entre Portales", y muy bien, por cierto. Lo recomiendo. Además el pueblo está muy cuidado, con las casas del centro totalmente restauradas, y la piedra es la protagonista.


  Y dio la casualidad, porque no puedo llamarlo de otra manera, de que nos encontramos con Santi, Santiago Monforte, el profesor de música de la escuela de Benlloch. No sabíamos ni que era de allí. Fue una gran sorpresa, para nosotros, y para él. Ejerció de buen anfitrión, nos acompañó hasta la iglesia, y nos mostró algún rincón más. Muy majo. Aunque nos despedimos pronto porque él tenía un compromiso al que no podía faltar y a nosotros nos esperaba una mesa en el Restaurante.


  En cuanto tuvimos cobertura de móvil, nos comunicamos con Isabel, para saber cómo estaba; y con nuestros padres, para que supieran que estábamos bien.

  Ha sido una buena experiencia. Lo hemos pasado bien, nos hemos reído, hemos estado con nuestros hijos, compartiendo un espacio diferente al de todos los días, respirando aire puro, en plena naturaleza... Para repetir, sin duda.

  El Molinete va a estar presente por mucho tiempo en nuestra memoria.

martes, 5 de octubre de 2010

Pastel de queso


Ya sabéis que este no es un blog de cocina, pero de vez en cuando cae alguna receta.
Últimamente he estado haciendo pinitos en mi cocina y tengo cositas que contaros. Y voy a empezar por este pastel, que es lo que menos esfuerzo me supone; ando algo constipada y no tengo ganas de mucha historia.
De los estupendos blogs que sigo, me llegó esta receta de Ónega, Magia en mi cocina. Lo repetí tal cual pero, aunque estaba bueno, la crítica culinaria de mi casa dictaminó que sabía demasiado a lácteos. Y me propuse darle mi toque personal. Substituí el yogur natural por uno de limón y le añadí ralladura de limón, para darle más sabor.

Ingredientes: 3 huevos, 1 tarrina de Philadelpia Light de 200 gr., 1 yogurt desnatado de limón, la medida del yogurt de leche, la misma medida de nata sin montar, la medida de harina, la misma de azúcar, y ralladura de limón.

Preparación.
Es bien sencilla, porque me limité a ir incorporando los ingredientes en un cuenco en el orden descrito y a mezclarlo todo con las varillas de la batidora, hasta conseguir una crema homogénea y sin grumos.

Para variar, utilicé mi molde de silicona, el de forma de corona, que tan buenos momentos me ha proporcionado. No, en serio, es que es muy cómodo, porque no hay que engrasar, no se pega, prácticamente no se ensucia, y la tarta es muy fácil de cortar después en porciones. Sólo le veo ventajas.

Horno precalentado, bandeja media, 180ºC, 45 ó 50 minutos.
Al pincharlo con una aguja, esta ha de salir limpia, señal de que está bien cuajado.

Para servirlo, lo acompañé de mermelada de fresa. Nosotros solemos consumir confitura de fresa de Hero Diet. Pero sale bastante grumosa, así es que, para este tipo de pasteles, pongo una cantidad en el vaso de la batidora y le añado un pelín de zumo de naranja y unas gotitas de moscatel o de algún otro licor, y trituro. Obtengo una textura más liquida, que cubre y acompaña divinamente.
El toque de limón fue bien acogido en casa.
Esta receta me la guardo, por resultona.